¡Al Rescate! (1)

Ayer nos permitieron entrar al edificio y rescatar algunas de nuestras pertenencias. También andaban por allí algunos de química y farmacia, los bomberos, que llegaron a retirar sustancias peligrosas, los de auditoría, que tomaron fotos e hicieron una lista de las cosas que sacamos, para garantizar que nadie se robara las cosas de la UNAH, y uno que otro mirón.

Entramos por turnos, usando guantes, mascarillas, botas, gorras y todo lo que conseguimos para protegernos de la hostilidad del ambiente que esperabamos encontrar dentro del edificio. Parecíamos uno de esos batallones de orcos sacados de “El Señor de los Anillos” (uno de estos días les muestro las fotos); cada quien procedió a sacar las cosas que más le interesaban o por las que estaba más preocupado: libros, servidores, aparatos, recuerdos, documentos… imposible sacarlo todo: tuvimos que escoger qué se venía con nosotros y qué se quedaba adentro, esperando la limpieza de los bomberos, a ver qué pasa a la hora de la mojazón.

Varios estudiantes de la Carrera de Física colaboraron para cargar con el equipo que se sacó y para proteger con bolsas de plástico el que se quedó adentro. Allí estaban también Rosita, Senia, Ligia, y el infaltable Toño Lemus, siempre ayudando a todos los demás con una gran sonrisa. Las parejas Pérez-Portillo y Tenorio-Espinoza iban bien equipados y trabajaron sistemática y coordinadamente. Los demás conseguimos guantes y mascarillas prestados y nos aventuramos sin un plan definido. El inerior del edificio estaba oscuro, con un líquido negruzco que olía vagamente a vinagre por todos lados, y pedacitos de vidrio, grava y arena regados por aquí y por allá. Algunos cubículos fueron sometidos a los inclementes chorros de agua de las mangueras, otros, como el mío, estaban intactos, excepto por el líquido negruzco que se metió como espíritu malo por debajo de la puerta y mojó las cosas que estaban en el suelo.

Y después de rescatar algunos chunches y echarle la bendición a los otros, los que se quedan esperando los maguerazos, un grupito nos fuimos a amorzar a “El Lechón”.

Hoy mas que nunca tenemos esperanzas de recuperar nuestro espacio y de reacondicionarlo. Dentro de unos años el incendio no será más que un mal recuerdo, motivo para recordar que no se puede trabajar con tantos materiales y equipos sin tomar precauciones, y quizá motivo para bromas y chistes.

Por lo pronto, el “centro de acopio” para firmar y comunicarse con los demás está en el edificio 4A, en el local de la Carrera de Física, frente a la Facultad de Ciencias (antes CUEG). Nos vemos por allá.

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